El imperialismo y la crisis internacional: agresión contra Irán
Por Rubén Suárez – Director de RedContactoSur
En los últimos tiempos el escenario internacional vuelve a vivir momentos de profunda tensión. La situación generada en torno a Irán y las acciones impulsadas por los Estados Unidos reflejan nuevamente una realidad que desde hace décadas condiciona la política mundial: la persistencia del imperialismo como mecanismo de dominación global.
El reciente accionar del gobierno estadounidense encabezado por , acompañado por una serie de aliados internacionales que se presentan bajo el discurso de la “defensa de la paz”, constituye en realidad una nueva expresión de presión geopolítica contra un Estado soberano. La narrativa oficial intenta justificar estas acciones en nombre de la seguridad internacional; sin embargo, un análisis más profundo demuestra que estamos ante una política de intervención que vulnera principios fundamentales del derecho internacional.
La soberanía de los pueblos es uno de los pilares básicos del orden internacional moderno. Ningún país, por poderoso que sea, tiene derecho a imponer su voluntad mediante amenazas, bloqueos económicos o acciones militares encubiertas. Cuando esto ocurre, no solo se viola la soberanía de un Estado particular, sino que se debilita todo el sistema internacional construido tras la Segunda Guerra Mundial.
En este sentido, resulta imprescindible interpelar el rol que debe cumplir la ONU.
La organización fue creada precisamente para evitar que las potencias vuelvan a imponer su voluntad por la fuerza. Sin embargo, en múltiples ocasiones ha demostrado una preocupante incapacidad para actuar con independencia frente a los intereses de las grandes potencias.
Esta situación no es casual ni accidental. Como lo explicó Lenin , el imperialismo representa la fase superior del capitalismo, caracterizada por la concentración del poder económico y financiero en manos de grandes corporaciones y potencias que buscan expandir su dominio sobre territorios estratégicos, recursos naturales y mercados.
En ese marco, la política exterior de Estados Unidos ha seguido históricamente una lógica de intervención directa o indirecta en distintas regiones del mundo. Desde América Latina hasta Medio Oriente, las operaciones militares, los bloqueos económicos y los golpes de Estado han sido instrumentos recurrentes para sostener su hegemonía.
El caso de Irán debe entenderse dentro de esta lógica global. Se trata de un país que, con todas sus contradicciones internas, ha intentado mantener un margen de autonomía frente a la influencia occidental. Esa autonomía, en el contexto del sistema internacional actual, suele ser interpretada por las potencias dominantes como una amenaza a sus intereses estratégicos.
Lo más preocupante es la enorme contradicción entre el discurso y la práctica. Los mismos gobiernos que hablan permanentemente de “defender la democracia” o “garantizar la estabilidad mundial” son, en muchos casos, los responsables de fomentar conflictos armados, sanciones económicas que afectan a poblaciones civiles y procesos de desestabilización política.
Esta doble moral forma parte del funcionamiento estructural del sistema imperialista. Se construyen narrativas de legitimación que permiten justificar acciones que, en otras circunstancias, serían consideradas inaceptables por la comunidad internacional.
Por eso resulta fundamental que los pueblos del mundo mantengan una posición crítica frente a estas dinámicas de poder. La paz mundial no puede depender de alianzas militares dominadas por una superpotencia ni de coaliciones que responden a intereses corporativos o geopolíticos.
La verdadera paz solo puede construirse sobre tres principios fundamentales: respeto absoluto a la soberanía de los Estados, autodeterminación de los pueblos y cooperación internacional basada en la justicia social y económica.
En un momento histórico marcado por crisis económicas, conflictos regionales y profundas desigualdades, insistir en políticas de confrontación y dominación imperial solo agrava la inestabilidad global.
Frente a esta realidad, es imprescindible exigir que la comunidad internacional, y particularmente las Naciones Unidas, actúen con firmeza para impedir que la lógica del poder militar vuelva a imponerse sobre el derecho internacional.
La humanidad necesita avanzar hacia un orden mundial más equilibrado, donde ninguna potencia pueda arrogarse el derecho de decidir el destino de otros pueblos.
La historia demuestra que cuando el imperialismo avanza sin límites, los pueblos terminan pagando el precio más alto. Por eso hoy más que nunca es necesario denunciar estas políticas y defender un principio fundamental: la paz verdadera solo puede construirse con justicia, soberanía y dignidad para todas las naciones
Rubén Suárez
Director
RedContactoSur












